La vejez solitaria que habita el Gran Concepción

Un retrato íntimo de como cuatro adultos mayores enfrentan su vejez entre la soledad, compañía y redes de apoyo
Cuatro adultos mayores del Gran Concepción

En este artículo

Capítulo 1: Entre el silencio y la compañía

Este reportaje se adentra en una realidad que suele permanecer en silencio, la soledad cotidiana de muchos adultos mayores. A través de sus rutinas y confesiones íntimas, se revelan las formas en que enfrentan cada día en un entorno que, a veces, parece moverse demasiado rápido para ellos. Pero esta historia no se detiene solo en el diagnóstico. Mientras recorremos sus experiencias, también aparecen alternativas reales que existen en el territorio: programas locales, redes comunitarias, espacios de acompañamiento y apoyos que pueden transformar esa soledad en compañía y sentido de pertenencia. 

Esta mirada busca no solo mostrar una problemática, sino también abrir caminos para quienes, aun viviendo solos, podrían combatir esa soledad.

Para ello, recogimos los testimonios de cuatro personas cuyas historias permiten observar matices muy diferentes de una misma experiencia.

Cuatro vejeces enfrentando el paso del tiempo

En este recorrido aparecen cuatro historias distintas que, aunque comparten la misma etapa de la vida, se desarrollan en mundos emocionales muy distintos. La independencia de Otilia, la viudez de Margarita, y la fe como refugio para Natividad y Gastón revelan que envejecer no tiene una sola forma. 

Algunas historias están marcadas por la compañía cotidiana, otras por la soledad elegida o la ausencia inevitable, pero todas muestran cómo cada persona construye su propia manera de habitar la vejez. 

Cada uno, desde su propio mundo, permite entender cómo la soledad puede vivirse como elección, como consecuencia o como compañía silenciosa, y cómo las redes familiares, comunitarias o espirituales, influyen en la forma en que se transita esta etapa de la vida.

Otilia Ferrada Jara, de 83 años, vive sola pese a las enfermedades que dificultan su movilidad. Aun así, se encarga de cocinar, bañarse y cuidar su jardín, mientras sus hijos la acompañan de manera constante, gestionan sus controles médicos y visitándola diariamente. Su familia es presente y amorosa, pero ella disfruta genuinamente de sus momentos en soledad. Reconoce ser una persona que prefiere vivir sola, ya que así puede organizarse de manera propia, tanto en sí misma, como en los quehaceres del hogar sin opiniones del resto. Tuvo una infancia difícil, puesto que ambos padres fallecieron a su corta edad. Perdió a su madre a la edad de 2-3 años y a su padre a los 8, es así como terminó siendo criada por su abuelo, el cual impidió que continuara sus estudios a la edad de tan solo 8 años, esto por tener valores machistas y priorizar el trabajo de todos quienes estuvieran bajo su techo. 

Margarita Pérez, de 78 años, afronta su vida tras enviudar hace seis años. Durante décadas compartió con su esposo la dirección de una iglesia, que marcó profundamente su identidad. Hoy vive con sus dos mascotas y con un hermano-amigo que también enviudó. Lo conoció en la iglesia que tenía junto a su marido, y es él quien le brinda apoyo cotidiano en trámites fuera del hogar, como compras de verdura y retiro de remedios. Por otro lado, cuenta con el apoyo de su hermano biológico y su esposa, ellos la suelen visitar para llevarles el pedido del supermercado. En general ella comenta siempre haber estado sola.

Natividad y Gastón Rodríguez viven solos en San Pedro de la Paz, tras decidir no tener hijos y mantener distancia de sus familias por diferencias religiosas. Luego de una juventud alocada, encontraron en la iglesia un pilar central, especialmente durante la pandemia, cuando recibieron apoyo económico y emocional. Hoy llevan una vida tranquila junto a sus cinco gatos, dedicados a arreglos domésticos y a ver televisión. Aunque pueden sostenerse con la pensión de Gastón “estirándola harto”, sus salidas se limitan principalmente a comprar provisiones, algo que les resulta difícil por el trayecto. Por elección personal, no acuden a atención médica, pues consideran que podría perjudicarlos.

Capítulo 2: Trabajo social y humano

La trabajadora social del IPS Coronel, Rocío Ortiz, describe una realidad crítica respecto a la soledad y vulnerabilidad de los adultos mayores en Coronel y el Gran Concepción.

Rocío Ortiz, Trabajadora Social

Señala que existe una alta población mayor, gran parte de ella con baja escolaridad y escasas competencias digitales, lo que incrementa su aislamiento. Según explica, “la verdad es que es bastante grave”, destacando que solo en Coronel atienden a alrededor de 10.000 adultos mayores, cifra que se duplica al sumar San Pedro de la Paz.

Factores que influyen en la soledad

Rocío vincula la soledad a factores educativos, laborales, económicos y familiares. Enfatiza que Coronel es un territorio históricamente minero, donde “la mayoría de las personas no terminó el cuarto medio” y comenzaron a trabajar desde muy jóvenes, lo que también genera deterioro físico prematuro. Además, menciona que el cierre de las minas provocó desplazamiento de las nuevas generaciones y dinámicas familiares que favorecieron el descuido: “Muchos hijos migraron a Concepción o Santiago y dejaron a los adultos mayores solos”.

También alude al consumo problemático de alcohol y drogas como un patrón presente en generaciones anteriores y actuales, lo que repercute en el abandono, la violencia intrafamiliar y la ruptura de vínculos.

Consecuencias emocionales y sociales

Entre las consecuencias más frecuentes, destaca la vergüenza, la depresión y la desnutrición. “Lo primero que uno ve en ellos es vergüenza”, relata, explicando que muchos se disculpan constantemente por no saber leer o escribir. También menciona que muchos adultos mayores acuden al IPS solo para conversar: “Tenemos usuarios que van todas las semanas a hacer la misma pregunta solo para hablar con alguien”.

Los casos más graves incluyen vulneraciones, estafas, violencia e incluso situaciones extremas:

“Hemos tenido casos de suicidio y parricidio por lo mismo”.

Rocío Ortiz, Trabajadora Social

Trabajo institucional

El IPS realiza seguimiento previsional y activa redes cuando detecta riesgos. Rocío destaca la importancia del trabajo conjunto con hospitales, CESFAM, municipios y la Corporación de Asistencia Judicial. En casos de abuso o conflicto familiar, afirman detener trámites y judicializar las situaciones, “detenemos todo, nadie cobra hasta que un juez decida”.

También colaboran en casos de abandono hospitalario y en zonas rurales, como Isla Santa María, mediante visitas y pagos en terreno.

Lo que falta por hacer

La trabajadora social sostiene que el problema requiere cambios estructurales desde la educación, especialmente en la enseñanza del respeto intergeneracional. También señala la urgencia de fortalecer la Ley de Cuidadores.

“Sin las cuidadoras, nada de esto funcionaría”

Rocío Ortiz, trabajadora social

Además, considera esencial aumentar los centros de larga estadía, pues los existentes “son muy pocos y absolutamente necesarios”.

Qué puede hacer la sociedad

Finalmente, Rocío apunta a la responsabilidad colectiva, desde cumplir obligaciones tributarias que permiten financiar políticas públicas, hasta acciones simples del día a día.

“No cuesta nada preguntarle a un vecino mayor si está bien”, señala.

Y agrega que un pequeño gesto puede ser decisivo:

“Un simple “hola, ¿cómo está?’ les puede mejorar el día”.

Capítulo 3: Cuando la soledad también enferma

El cuerpo y la mente sienten el silencio 

Para Otilia Ferrada (83), el amanecer no siempre trae alivio, sino el recordatorio de una batalla diaria contra el deterioro físico. Su velador es testigo de dolencias como artrosis severa, hernias y una hipertrofia ventricular que amenaza su corazón, sumado a la difícil convivencia con bolsas de ostomía tras múltiples cirugías. 

“De la artrosis no hacen nada, a mí no me hicieron nada. Lo único es operar, pero por los problemas al corazón no me pueden intervenir. Hay que esperar la voluntad de Dios nomás”

— Otilia Ferrada, adulta mayor de Concepción. 

Más que la soledad absoluta, lo que pesa en la rutina de Otilia es el temor constante a incomodar. Aunque sus hijos viven cerca, ella entiende que tienen sus propios ritmos y obligaciones laborales. “Me levanto, tomo desayuno, almuerzo y descanso… sola”, relata, asumiendo con resignación que pedir que la lleven a sus controles médicos implica interrumpir esas rutinas ajenas. Así, el sistema de salud se transforma en una carrera de obstáculos, no necesariamente porque no haya nadie, sino porque el miedo a convertirse en una carga la lleva a enfrentar su deterioro físico guardando silencio.

Esta dinámica de gestionar el dolor en silencio refleja una crisis mayor. Según expertos de la Facultad de Medicina de la Universidad Católica de la Santísima Concepción, la soledad percibida es un desafío silencioso que impacta globalmente el bienestar, agravando patologías previas. Estudios de Science Direct advierten que el envejecimiento de la población chilena presenta desafíos donde el aislamiento actúa como catalizador de enfermedades invalidantes. 

Rocío Ortiz, quien conoce de cerca esta realidad desde su labor en el IPS, es testigo diario de esta vulnerabilidad administrativa. “Vemos mucha vulneración. Adultos mayores que llegan solos, que no saben leer ni escribir, y que confían ciegamente en quien sea para cobrar sus pensiones o entender un diagnóstico”, explica, evidenciando que la falta de redes de apoyo activas (o el miedo a usarlas para no molestar) los deja expuestos.

La brecha se agranda al intentar conseguir atención en el sistema público. Las listas y tiempos de espera en salud se sienten interminables. Aunque Otilia cuenta con la cercanía de sus hijos, la gestión diaria de su cuadro médico recae sobre sus hombros por una decisión silenciosa de evitar convertirse en una carga. Prefiere enfrentar el sistema y la obtención de sus insumos por su cuenta antes que interrumpir la vida de sus familiares, alargando un círculo donde el cuidado se vuelve una tarea solitaria a pesar de estar acompañada.

  • Consecuencias del aislamiento en la salud: 
  • Abandono de tratamientos: Por incapacidad de gestión o falta de motivación. 
  • Salud mental: La OMS advierte que la soledad afecta gravemente la salud mental de los adultos mayores. 
  • Riesgo doméstico: Mayor probabilidad de accidentes sin asistencia inmediata. 

Finalmente, para quienes el sistema y la sociedad no ofrecen respuestas inmediatas, queda lo espiritual. Para Otilia, quien ha pasado por el pabellón quirúrgico innumerables veces, la medicina viene en cajas, pero la resiliencia proviene de la fe. “Dios es mi refugio”, asegura, encontrando en esa conexión el consuelo que la soledad terrenal le niega. 

Capítulo 4: Un ingreso para uno, pero la vida les cuesta dos

La economía de sobrevivir sin ayuda 

Para Gastón Rodríguez (66), las matemáticas de fin de mes deben ser rigurosas. En su hogar en Lomas Coloradas, la calculadora es tan importante como la despensa. “Estamos con mi pensión nomás… sacando cuentas. A veces quedamos medios cortos“, confiesa Gastón. Junto a su esposa Natividad, dependen casi exclusivamente de la Pensión Garantizada Universal (PGU) y de su jubilación para cubrir luz, agua y alimentación. 

La soledad agudiza la crisis económica, al no tener hijos ni redes familiares activas, no hay “salvavidas” financieros ni quien ayude con una compra de emergencia. La estrategia es el ahorro extremo. Gastón relata con orgullo y preocupación su mayor logro logístico: “Un cilindro de gas de 15 kilos me dura 9 meses”. Una situación preocupante pero necesaria para priorizar otros gastos, como el alimento para sus mascotas, sus únicos fieles compañeros. 

“No tenemos deudas grandes, gracias a Dios, solo los gastos básicos. Pero hay que estirar la plata. La PGU ayuda, pero la vida está muy cara y uno ya no puede salir a trabajar como antes”

— Gastón Rodríguez, adulto mayor de Lomas Coloradas. 

Vulnerabilidad financiera y abuso 

Sin embargo, la fragilidad económica no termina al recibir el pago, para muchos, ahí comienza el riesgo. Rocío Ortiz advierte sobre la violencia patrimonial, un fenómeno silencioso donde la soledad facilita el abuso. Según la trabajadora social, el peligro no está solo en la falta de recursos, sino en el riesgo al momento de cobrarlos, desde robos hormiga en cajas vecinas hasta cuidadores que se apropian de dineros ajenos, aprovechando el aislamiento y el desconocimiento digital de quienes dicen cuidar.

La brecha entre los ingresos y el costo de vida es crítica. Según el último informe del Ministerio de Desarrollo Social sobre el valor de la canasta básica de alimentos, los precios han mantenido un alza, golpeando más fuerte a los hogares de personas mayores donde el ingreso es fijo y bajo. 

El costo oculto de la salud 

A la alimentación se suma el “impuesto a la vejez”, que son los medicamentos. Otilia Ferrada gasta gran parte de su pensión en remedios que el consultorio no le entrega, como el CardioPlus, que le cuesta más de 30 mil pesos mensuales. “Gasto harto en farmacia, y si no fuera por la PGU, no sé qué haría”, admite. 

Aunque el Estado ha implementado ayudas como el aumento de la Pensión Garantizada Universal, para quienes viven solos, este monto a menudo se disuelve pagando servicios básicos y salud privada ante la demora del sistema público. Como señala el Hogar de Cristo, miles de mayores viven hoy en una situación peligrosa entre pobreza y soledad donde enfermarse o que se rompa un electrodoméstico puede significar la quiebra del mes. 

Capítulo 5 : “Soledad en las salas de espera”  

Cuando la salud se enfrenta sin compañía 

Las salas de espera del sistema público de salud en el Gran Concepción son un espacio donde la soledad se vuelve visible. Para muchos adultos mayores que viven solos, acudir a un consultorio, un SAPU o al hospital, no es solo un trámite médico, es una prueba emocional, física y hasta incluso logística. 

Entre filas eternas, extensos formularios y la multitud de gente, la ausencia de una mano amiga se convierte en un problema más para cargar. 

Esto refleja un cuadro de soledad que se asienta en las sillas plásticas, números que avanzan lentos, en los silencios compartidos, y en cada persona que se encuentra a la espera de su turno. Por otra parte, también muestra las redes de apoyo, que quizás algunos tienen, otros no, o incluso no saben que existen, y que podrían hacer la diferencia.  

El recorrido que muestra lo que el sistema no alcanza a ver

Para muchos adultos mayores, el día comienza antes del amanecer. No porque quieran, sino porque el sistema lo exige.  

Un adulto mayor, debe organizar su trayecto al lugar de atención: a qué hora saldrá, cuanto tiempo tardará en llegar la locomoción que le sirve para llegar a su destino, el tráfico, lo que conlleva una mañana como el desayuno, rutina de higiene y otros.  

En Chile, el 87% de la población de adultos mayores, se atiende en el sistema público (FONASA), así lo indicó un estudio de la Revista médica de Chile. Podemos concluir que esta situación es más común de lo que creemos. 

Durante la movilización, se presentan otros obstáculos: el cruce de peatones, la orientación geográfica, las condiciones climáticas, las veredas en mal estado y muchas más. Estas condiciones son las que dificultan el trayecto de los adultos mayores.

Para acceder al mapa puedes ingresar a este link

Trámites, formularios y pantallas, un laberinto para quién no tiene que lo guíe  

Una vez dentro, la soledad se vuelve en una desorientación. En los mesones de admisión, varios adultos intentan leer papeles que no logran distinguir o escuchar llamados que no logran ser receptados. Algunos se quedan quietos, observando como la fila avanza, sin saber si deben esperar o entrar. La digitalización, considerada como un avance para el sistema, para algunos es una nueva barrera.  

La modernización administrativa en la salud, como la reserva de horas por plataformas, fichas digitales, recetas digitales, resuelve problemas de gestión, pero simultáneamente deja afuera a quienes no dominan lo digital o no cuentan con un familiar que haga la gestión por ellos. En la práctica, la persona mayor sola debe enfrentarse a: entregar documentación, completar formularios, entender pasos de derivación, y desplazarse entre ventanillas. Eso genera esperas más largas, confusión y errores. Por ejemplo, no completar datos que después impiden la atención o que retrasen la entrega de medicamentos.  

El Plan Nacional de Salud Integral para Personas Mayores (MINSAL) y diagnósticos sectoriales, señalan explícitamente la necesidad de articular la atención en salud, con estrategias que consideren la barrera digital y administrativa en este grupo etario. El documento identifica la digitalización como una oportunidad, pero también como riesgo si no se acompaña con adultos que manejen las herramientas y con capacitación focalizada.  

Organizaciones que trabajan en acceso a la salud, han documentado barreras concretas (lenguaje técnico, formularios complejos, distancia a módulos de retiro de fármacos) que se agravan cunado no hay acompañante. El resultado: mayor tiempo en la sala, sentimiento de incompetencia o derrota, y en algunos casos el abandono de trámites.

“Bueno, humanamente nunca he ido a los médicos. Pero esperando a Dios no me ha fallado, porque siempre que he ido a las postas, todas estas cosas, me ha ido mal. No me atienden, me mandan para allá, para acá. La última vez que fui por los lentes, me metieron algo en el ojo, me lo hicieron perder. Así que los lentes no me sirvieron para nada. Y para peor, me pegué un porrazo afuera de la posta cuando estaba acá.” 

Natividad Rodríguez, adulta mayor de Lomas Coloradas

Como la señora Natividad, existen muchas más, que por circunstancias similares desisten de estos derechos por las complicaciones que se presentan. Agregando el factor de la digitalización, conseguir horas para atenciones, entrega de remedios, exámenes, se dificulta muchos más. Lo irónico, es que bajo un punto de vista la transformación digital de estos trámites, en su medida fueron para reducir las filas de espera en los establecimientos, “simplificarles” un poco la vida, obtuvieron un efecto contrario en aquellos que no cuentan con los conocimientos para usar estas nuevas herramientas.  

Capítulo 6: Era digital: ¿ventana al mundo o muro invisible? 

El doble filo de la era digital   

En las comunas del Gran Concepción, donde el transporte público es irregular en los sectores no céntricos, los consultorios funcionan con horas digitales y los bancos migraron casi por completo al servicio en línea, la tecnología se ha convertido en un nuevo filtro social. Para una gran mayoría del grupo de adultos mayores, ese filtro puede ser una ventana luminosa al mundo o un muro silencioso que profundiza la soledad. 

La llamada “brecha digital gris”, que explica el retraso en habilidades tecnológicas de personas mayores, no es un concepto abstracto. Según datos de la Subsecretaría de Telecomunicaciones, menos del 40% de los mayores de 60 años en Chile declara sentirse capaz de realizar trámites digitales sin apoyo, y estudios del PNUD muestran que la alfabetización digital se vincula de manera directa con niveles más bajos de aislamiento social. En otras palabras, conectarse o no conectarse puede significar en esta era digital, estar acompañado o estar solo.  

Pero en el día a día, la brecha se manifiesta con gestos mínimos, la vecina no puede pedir una hora médica porque ahora “todo es por la página”, el jubilado que evita hablar con sus hijos para no interrumpirlos, porque no sabe enviar mensajes por WhatsApp o la mujer que no logra acceder a un beneficio estatal porque nunca completó el registro en línea.  

 La pantalla como muro y exclusión

Actualmente, servicios y oficinas han digitalizado masivamente sus atenciones, el déficit de habilidades tecnológicas opera como un nuevo tipo de barrera. No se ve, pero pesa. 

Los propios funcionarios municipales lo reconocen en cifras internas: una cifra considerable de las consultas presenciales de adultos mayores, corresponden a trámites que se pueden realizar desde un celular. Sin embargo, la capacidad para usar dispositivos sigue siendo baja.  

Un estudio de SENAMA, explica este déficit de habilidades en dispositivos tecnológicos por tres factores: el costo de los dispositivos, la falta de formación específica y la percepción de que “la tecnología no es para ellos”. 

Este panorama tiene consecuencias emocionales. Hay un sentimiento de dependencia, temor a equivocarse y nuevamente vergüenza al pedir ayuda en tareas que, actualmente, “todo el mundo sabe hacer”. Detrás de esto, la soledad sigue creciendo. Por eso cada vez, pierde la capacidad y oportunidad de participar en grupos, de mantenerse informado o de comunicarse con familiares que viven lejos.  

La exclusión digital en la práctica funciona como una nueva forma de aislamiento.  

Cuando la tecnología se vuelve un ruido de fondo

La brecha digital no solo se expresa en trámites o servicios inaccesibles: también se instala en la mesa familiar, el problema ocurre incluso cuando todos viven bajo un mismo techo. 

“Una de las quejas más comunes es la poca comunicación con las familias: los niños están con el teléfono, los hijos están con el teléfono… y las personas mayores sienten que esto les limita a conversar”

Francisca Zuchel, Psicóloga especializada en adultos mayores

Zuchel explica que esta desconexión se enmarca en una cultura que avanza rápido y valora poco a las personas mayores como sujetos activos. “Hay conductas que van aislándolos y no nos permiten ver sus necesidades”, advierte. 

En ese contexto, la tecnología opera como un arma de doble filo: posibilita talleres y videollamadas, pero también se convierte en un recordatorio de distancia emocional para quienes no la dominan o la ven reemplazando la conversación familiar. Como resume la psicóloga, muchas veces “se sienten solas aun estando acompañadas, porque nadie sabe qué requieren y nadie se lo pregunta”.

 

Francisca Zuchel, Psicóloga de la Universidad de Concepción especializada en adultos mayores

El Café del Encuentro como espacio de sociabilización seguro

Frente a este escenario, Francisca Zuchel desarrolla una iniciativa que busca justamente lo contrario: generar espacios donde la presencia sea protagonista. Se trata del Café del Encuentro, actividades grupales diseñadas para promover sociabilización, vínculos entre pares y una relación más cercana con los servicios del sector. 

“El proyecto del Café del Encuentro tiene como objetivo promover la sociabilización. La idea es crear un espacio cotidiano en la ciudad para que las personas mayores sientan que es ahí donde pueden ir a entretenerse, recrearse y conocer otras personas”. 

Francisca Zuchel, creadora de Café del Encuentro

En estos encuentros, explica, se mezclan conversación, actividades recreativas y orientación práctica. “La idea también es fortalecer vínculos entre pares y mostrar distintos servicios de la comunidad… para que sientan cuál es su espacio, que sea seguro y que atienda sus necesidades”. 

Aunque aún no cuenta con estudios formales, Zuchel señala que el impacto es evidente: “Se está cumpliendo su objetivo… llegan comentarios muy positivos y, por la continuidad de la participación, vemos que efectivamente algo se está logrando”. 

En un contexto donde la era digital arrasa con lo tradicional, su propuesta recupera lo esencial: mirarse, escucharse, compartir tiempo sin pantallas como intermediarias. Un modo simple, pero poderoso, de combatir la soledad desde la presencia y no desde la interfaz. 

Este fenómeno ofrece oportunidades reales para acompañar a quienes viven solos, pero también es necesario reconocer sus límites. En el Gran Concepción, el desafío no es escoger entre lo digital o lo presencial, sino equilibrarlos con humanidad y solidaridad. 

Iniciativas como el Café del Encuentro muestran que los vínculos no se reemplazan con aplicaciones: se construyen cara a cara, en conversaciones donde las emociones puedan traspasar una simple pantalla. En la vida de muchas personas. Aunque aún no cuenta con estudios formales, Zuchel señala que el impacto es evidente: “Se está cumpliendo su objetivo… llegan comentarios muy positivos y, por la continuidad de la participación, vemos que efectivamente algo se está logrando”.  mayores, una conversación significativa puede hacer más que cualquier tutorial. A veces, la solución no es aprender a usar el teléfono, sino recuperar o crear espacios donde alguien esté dispuesto a escuchar. 

Capítulo 7: ¿Hay salida? Redes que devuelven la compañía 

La sociedad como medicina contra el aislamiento 

La soledad no tiene por qué ser una condena definitiva. En medio del desolador diagnóstico , en el Gran Concepción emergen iniciativas que buscan recomponer el tejido social roto. Desde talleres municipales hasta voluntariados intergeneracionales, la respuesta parece estar en volver a mirarse a los ojos. “El objetivo no es solo que aprendan una manualidad, sino que salgan de su casa y compartan con un par”, explica Francisco Urriola, encargado de la Casa del Adulto Mayor de Concepción. 

Para combatir el encierro, la Municipalidad ha desplegado una totalidad de 127 talleres repartidos por la comuna, abarcando desde zonas rurales hasta el centro urbano. Estas instancias funcionan como excusas perfectas para la reconexión, mientras se aprende folclore, tango o alfabetización digital, se combate el aislamiento social.

Tenemos un sistema de atención social, kinésica, de terapia ocupacional y psicológica que va a domicilio. Llevamos el box profesional a la casa de quienes, por movilidad reducida, no pueden salir a buscar ayuda”.

Francisco Urriola, Municipalidad de Concepción. 

Francisco Urriola, encargado de la Casa del Adulto Mayor en Concepción

El Estado y la sociedad en acción 

A nivel gubernamental, programas como Vínculos del SENAMA intentan ofrecer un acompañamiento psicosocial continuo para las personas mayores más vulnerables que viven solas. Estas políticas buscan entregar herramientas para que los mayores accedan beneficios y redes comunitarias, evitando que la pobreza agudice su soledad. 

Pero el Estado no puede hacerlo solo. Organizaciones como la Fundación Puentes Intergeneracionales están rompiendo la barrera de la edad, conectando a jóvenes voluntarios con personas mayores para compartir experiencias y compañía. En su sitio web, destaca cómo el intercambio de historias entre generaciones revitaliza el sentido de propósito en la vejez. 

La salud mental en el centro de la comunidad 

Para quienes ya no pueden desplazarse a los clubes de barrio, la salud municipal ha innovado llevando la atención a la puerta de la casa. Urriola destaca la nueva política comunal de cuidados, que incluye visitas de podólogos y kinesiólogos, entendiendo que el autocuidado es fundamentales para la autoestima. 

Estrategias locales para reconectar: 

  • Talleres recreativos: Baile entretenido, guitarra, coro y teatro para mantener la mente activa. 
  • Alfabetización digital: Cursos para perder el miedo al celular y conectarse con familiares lejanos. 
  • Atención domiciliaria: Profesionales de salud visitando a quienes tienen dependencia severa. 

Finalmente, la salida para la soledad requiere un cambio cultural, dejar de ver a la vejez como una etapa pasiva. Como señala la psicóloga Francisca Zuchel, es urgente volver a considerarlos sujetos activos de derecho, integrándolos no por caridad, sino por el valor irremplazable que aportan a la comunidad. La cura para la soledad, al final del día, somos nosotros mismos. 

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