Guardianes de la biodiversidad del Biobío: cuando la naturaleza nativa depende de la organización colectiva

Señalética en Parque Humedal Los Batros, donde cada flecha apunta a la dirección de distintos humedales del Biobío.

En este artículo

¿Sabías que en la región del Biobío hay al menos 86 humedales y miles de especies nativas? Actualmente, están en riesgo. ¿Quién debería protegerlas? ¿Quién lo hace actualmente? Son algunas de las preguntas que serán respondidas en este reportaje.  

Avifauna en la Península de Hualpén en marzo.
Al optar por la protección del medioambiente, hoy existe el Parque Humedal Los Batros.

Un grupo de ambientalistas logró conseguir firmas para concretar el plebiscito y, a fin de cuentas, el mall no se construyó. Y si bien este caso ocurrió ya hace siete años, sirve para ilustrar una de las disyuntivas actuales: medioambiente vs urbanización.  

Esto es uno de los aspectos de la crisis medioambiental, que no es ajena a ningún rincón. La contaminación y urbanización se apodera de cada espacio y, debido a ello, la biodiversidad nativa de distintos lugares corre riesgo permanente.  

Uno de estos rincones es la región del Biobío, habitada por miles de especies nativas, ya sea de mamíferos terrestres o animales acuáticos, avifauna y biodiversidad vegetal.  

Entre estos factores está el ruido de la ciudad, la presencia de plásticos y sustancias toxicas en suelos y aguas. Pero por sobre todo, la industria agrícola, tanto como la forestal intensiva y la sobreexplotación pesquera, son la causa de gran parte del deterioro de nuestros distintos hábitats.  

Cada causa tiene su consecuencia. Y lo alarmante de esta constante pérdida de biodiversidad es que, según los centros de investigación mencionados, lo que se produce es un debilitamiento de la red de la biosfera de la tierra. Esto altera los ciclos naturales y pone en riesgo nuestra seguridad alimentaria e hídrica.  

Sin embargo, estos cambios, seguido de las distintas leyes medioambientales, no parece ser suficientes para detener el problema. Es aquí donde aparecen nuestros “Guardianes de la Biodiversidad”: Personas y organizaciones que protegen la biodiversidad en la región a través de distintas actividades, investigaciones, cursos o talleres.  

Y aunque todos aporten desde un lado distinto de la problemática, todos tienen un objetivo en común: cuidar la biodiversidad nativa de la región. Que, como ya se mencionó antes, se concentra en su mayoría en los humedales.  

Laguna Grande de San Pedro de la Paz en verano.

En este reportaje se explorarán las distintas especies nativas que están en riesgo actualmente, y en donde habitan. ¿Quién debería protegerlas? ¿Quién lo hace actualmente? Son algunas de las preguntas que serán respondidas.  

A pesar del creciente urbanismo y la presión industrial, el Gran Concepción alberga ecosistemas únicos que son refugio de una rica biodiversidad. Esto se manifiesta en especies vegetales milenarias y una variada fauna que encuentra su nicho en los humedales urbanos y en los remanentes de bosque nativo.

La biodiversidad vegetal del Gran Concepción se concentra en zonas de gran importancia ecológica. El botánico Carlos Baeza identifica tres focos fundamentales:

En la costa, la península de Hualpén conserva restos “prístinos del bosque mediterráneo costero, esclerófilo“, un ecosistema ecotonal único que actúa como zona de mezcla de influencias del norte y el sur.

Esta zona es crucial para especies endémicas, como el queule y el pitao. También se encuentran otras especies nativas emblemáticas como el boldo.

En Nonguén se conservan bosques de nothofagus, destacando el roble con árboles centenarios. El Cerro Caracol alberga especies como el quillay y el maqui. Sin embargo, gran parte de la costa ha perdido su vegetación nativa, reemplazada por plantaciones forestales de pino y eucalipto.

Por el lado de la biodiversidad animal, la zoóloga y académica Lucila Moreno, destaca que la fauna está principalmente asociada a los humedales. En estos “pulmones azules” urbanos se encuentra una rica avifauna, incluyendo aves cantoras como el siete colores, aves dulceacuícolas como las taguas y los cisnes de cuello negro, además de mamíferos como el coipo.

Aunque ninguna de estas especies urbanas está en categorías de conservación críticas, todas enfrentan amenazas permanentes. La expansión urbana, el relleno de humedales y la contaminación son las principales presiones.

“Esa fauna urbana está generalmente amenazada por nosotros mismos.”
-Lucila Moreno, zoóloga.

Las carpas, peces introducidos que ahora invaden los humedales, consumen plantas y artrópodos del fango, enturbian el agua y reducen la diversidad original. Las tortugas de orejas rojas, abandonadas como mascotas, son otra amenaza bajo investigación. Perros y gatos abandonados o sin supervisión representan un peligro adicional, actuando como “grandes depredadores de aves“.

Las especies que logran sobrevivir en estos ambientes urbanos son aquellas plásticas en su dieta y capaces de adaptarse al ruido. Las aves, por ejemplo, deben vocalizar en tonos más altos para encontrar parejas reproductivas en medio del bullicio urbano, lo que les genera un gasto energético mayor.

Para Baeza, la conciencia ambiental ha mejorado en las últimas décadas, especialmente entre los jóvenes. “Hay mucha gente que forma grupos, sobre todo hay gente muy joven que son defensores de algunos lugares en particular”, observa. Grupos ambientalistas organizan talleres en colegios, lideran campañas de recolección de basura y trabajan para evitar la expansión urbana descontrolada.

Sin embargo, persiste un porcentaje alto de la población que ve la naturaleza como una fuente inagotable de recursos. “Es un problema de educación enorme que tenemos“, reflexiona Baeza, quien critica pequeñas incoherencias como entregar almuerzos en bolsas de nylon durante excursiones ambientales escolares.

Moreno coincide en que las autoridades están al debe y que falta fiscalización efectiva. “Nosotros sabemos, aprendemos con multas”, señala. Existen leyes y ordenanzas municipales, pero sin fiscalización no hay cumplimiento. “Con la educación el efecto es súper lento, a largo plazo”, reconoce la zoóloga, insistiendo en que debe ir en paralelo con una fiscalización adecuada.

Cartel advirtiendo multas por botar basura en el Humedal Price.

La solución pasa por continuar divulgando la importancia de estos ecosistemas. “Seguir insistiendo, seguir agrupándose, seguir educando es lo que se puede hacer”, concluye Moreno.

Y tal como se mencionó anteriormente, muchas de  estas especies nativas habitan en los distintos humedales de la región, quienes hoy viven su propia problemática. 

En los últimos años, en distintas comunas del Gran Concepción, una pregunta comenzó a repetirse en cabildos, reuniones vecinales y protestas ambientales.

La pregunta era sencilla, pero cargada de tensión: ¿Qué vale más, el desarrollo inmobiliario o los humedales?

La duda no surgió al azar. Lo hizo tras una seguidilla de proyectos que intentaban levantar edificaciones sobre zonas que, para muchas comunidades, no solo contienen agua, sino memoria, ecosistemas y territorio vivo con mucha biodiversidad.

Biodiversidad vegetal del Humedal Price.

 

Los conflictos se multiplicaron. Desde Penco hasta Hualpén, aparecieron solicitudes de permisos, movimientos de tierra, denuncias ciudadanas y recursos judiciales.

En el centro de cada caso había un protagonista silencioso, los humedales. Y detrás de ese protagonista, una red de organizaciones que decidió no dejar que el silencio se transformara en desaparición. 

Un humedal es mucho más que una superficie de agua. Según la Convención Ramsar, son ecosistemas vitales que regulan inundaciones, depuran el agua, almacenan carbono y sostienen biodiversidad. En otras palabras, son infraestructura natural, funcionando día y noche sin costo humano.

Los humedales son, además, uno de los ecosistemas más importantes para enfrentar la crisis climática, pues, sumado a lo anterior, también capturan carbono, filtran contaminantes y funcionan como refugio para cientos de especies. De hecho, de las 498 especies reportadas en Chile, cerca de 166 son aves de humedales, acuáticas y otras que usan humedales.

En entornos urbanos, como la mayoría de los presentes en el Gran Concepción, actúan como verdaderos pulmones ecológicos, amortiguando el efecto de las olas de calor, manteniendo la humedad ambiental y siendo el hogar de muchas especies.

“El gran Concepción no solo tiene humedales, está literalmente construido sobre ellos.”
-Heraldo Norambuena, investigador en el Centro de Estudios Agrarios y Ambientales (CEA).

Luego de su refundación en el valle de la Mocha en 1765, la ciudad de Concepción ha ido abarcando cada vez más territorio, lo cual ha reducido y afectado importantes cuerpos de agua como el río Biobío, Laguna Tres Pascualas, Andalién y Laguna Redonda.

El reporte afirma que la presión inmobiliaria, la falta de fiscalización y la interpretación flexible de algunos instrumentos de planificación han afectado severamente estos ecosistemas durante los últimos años.

En muchos casos, rellenos ilegales, basura y caminos improvisados han modificado el flujo natural del agua. Estas alteraciones cambian la dinámica del ecosistema y pueden provocar inundaciones en sectores aledaños.

En el Gran Concepción, diversas agrupaciones han surgido para defender humedales amenazados. Algunas nacen como proyectos ambientales formales; otras, como juntas de vecinos o agrupaciones espontáneas que se coordinan ante una amenaza concreta. 

Cartel de elaboración ciudadana.

Entre estas, destaca la Red de Humedales del Biobío, quienes llevan ocho años como activistas por la protección de los humedales de la zona.  

Desde la propia organización, su dirigente Jocelyn Varela, comentó que en los humedales de la zona, hay varios que están bajo el cuidado de una ley, como la de humedales urbanos. Sin embargo, asegura que esta protección no cumple con su fin.

 “Esta protección no sirve porque nadie está fiscalizando, nadie está trabajando para que este ecosistema realmente este protegido”, Jocelyn Varela, dirigente de Red de Humedales Bío Bío.

A este escenario, se suma un conflicto aún más complejo: la presión de los privados sobre los humedales protegidos. La dirigente recuerda los casos de Paicaví y vasco de gama, ambos con retrocesos legales legales impulsados por intereses particulares. “Los privados tienen mucho poder. No les gusta la figura de protección porque hace más burocrático construir”, aseguró. En muchos casos, empresas han judicializado la protección para eliminarla o reducirla.

La dirigente apunta a un problema estructural, específicamente una burocracia sin voluntad política. Mencionó que las responsabilidades se diluyen entre ministerios, municipalidades y oficinas. La falta de educación ambiental y claridad institucional agrava mucho más el problema.

“Para un ciudadano común es imposible entender a quién denunciar. Te mandan de un lado a otro como ping pong”, Jocelyn Varela.

Y es justamente, en ese vaivén de responsabilidades, que aparecen las distintas organizaciones y agrupaciones que toman las riendas. 

Dada la problemática expuesta en los capítulos anteriores, empezaron a conformarse distintas organizaciones y actores, ajenos al mundo privado y público, que hasta ahora han realizado diversas acciones en pós de la protección de la biodiversidad del Biobío. Por eso mismo, es importante visibilizar su rol dentro de la preservación de especies nativas y de la mejora de nuestra calidad de vida. 

“Encuentro en defensa por el Santuario Laguna Grande y el Humedal Los Batros”, actividad con la participación de Jorge Feléz (geógrafo), Juan Machuca (especialista en aves) y Jocelyn Varela (miembro de Red de Humedales).

Estas fundaciones y organizaciones son sin fines de lucro y en ellas participan personas, en menor o mayor cantidad, de distintas edades y profesiones. Entre ellas, prevalecen figuras públicas activistas y políticas. Toda esta comunidad trabaja en conjunto para una misma causa, pero a través de distintas metas más concretas.  

Muchas veces, estas comunidades colaboran entre sí, a través de actividades educativas y de preservación conjuntas, en algunos casos, con acompañamiento de entidades públicas, como municipalidades. La unión entre las organizaciones es clave en este escenario.  

Esta agrupación, ya mencionada anteriormente, es conformada por distintas personas, jurídicas y no jurídicas, unidas con el fin de aportar a la preservación, conservación y cuidado de todos los humedales del Biobío. Además, según Jocelyn Varela, presidenta de la organización, es muy importante para ellos unirse a causas medioambientales contingentes.  

“A nosotros nos acomoda ser un movimiento social. Porque creemos que es muy importante  apoyar otras causas y no institucionalizarnos tanto. Por ejemplo, ahora estamos comprometidos como el caso de Julia Chuñil. Cosas así que hay que salir a apoyar se van sumando a nuestra agenda.”
-Jocelyn Varela, Red de Humedales del Biobío.

Como tal, esta organización realiza estudios anuales de la condición de los humedales, los que son expuestos en reportes. En ellos, analizan las problemáticas principales que enfrentan estos cuerpos de agua regionales, considerando el marco legal actual. Hace poco realizaron el reporte 2025, y ya se encuentran realizando el del próximo año.  

Portada reporte de humedales 2025.

A esos reportes se suman otras actividades, como jornadas de limpieza de los humedales, caminatas educativas o seminarios. Todo siempre en colaboración con otras organizaciones.  

“Existen abogados gratuitos, civiles, laborales, de familia. Pero no existe una corporación de asistencia judicial ambiental, ni una defensoría ambiental en Chile. Con un grupo de amigos, en un momento, vimos esa necesidad y creamos una ONG.” 
-Fernando Cortés, abogado medioambiental y cofundador ONG Defensa Ambiental.

En 2016, un grupo de amigos, todos abogados, decidieron crear ONG Defensa Ambiental, para aportar desde su profesión a la defensa del medioambiente en la región, rama que consideraban abandonada dentro del panorama judicial.  

Hoy en día ofrecen asesoramiento jurídico y educación medioambiental a comunidades y organizaciones territoriales, además de brindar asesorías en materia de gestión ambiental a distintos organismos públicos.  

Para el co-fundador y ex director de la organización, lo más importante es  levantar justicia ambiental en sectores empobrecidos.

“La gran parte de las problemáticas que se generan son en lugares pobres, donde no existe la capacidad de poder contar con abogados especialistas.” 
-Fernando Cortés, abogado medioambiental y cofundador ONG Defensa Ambiental.

Bosque en sector El Venado, San Pedro de la Paz.

Esta organización es más pequeña y reciente que las anteriormente mencionadas, pero tiene un impacto significativo en la comunidad. Su foco está en la preservación de árboles, ya sea nativos o simplemente los que se encuentran por las calles.  

Dado esto, realizan talleres de poda de árboles, e incluso regalan a la comunidad. Además, están presentes en diversas actividades junto a otros organismos, como con la Red de Humedales, y realizan de vez en cuando jornadas para recoger basura urbana.  

“En realidad lo último que nos queda, que es lo que estamos haciendo ahora, es seguir con la difusión de que más personas vean que se están perdiendo árboles, que esta pérdida es irreversible.” 
-María Garcés, activista y miembro de ONG Más Arboles Menos Basura.

Para profundizar más en estas tres organizaciones, es necesario conocer sus motivaciones y estructura interna, que serán detalladas a continuación.  

La nutricionista de profesión creció siempre en contacto con la naturaleza, por eso mismo, y en base a sus propias palabras, para ella es fundamental cuidar a quien no tiene la capacidad de defenderse.  

Incluso, la activista reiteradas veces ha denunciado al Municipio de Concepción, por talar árboles y tener los existentes en malas condiciones. “Los árboles generalmente no son bien podados. Los dañan drásticamente y les acortan su duración y calidad de vida. Estos árboles al final se vuelven peligrosos para las personas, porque se pueden caer” 

Esto, según María, nos afecta a todos en nuestra calidad de vida. 

“Perder árboles en la ciudad es un atentado contra todos los vecinos, o sea, los árboles nos aportan muchos beneficios en la ciudad, disminuyen las temperaturas, la contaminación, nos mejora nuestra salud mental, etc.  Entonces no se pueden seguir perdiendo árboles adultos por malas prácticas de las personas que deberían estar a cargo de protegerlos” 

-María Garcés, activista

Existen más organizaciones y actores que día a día se suman a las ya mencionadas para luchar por una misma causa, que es cuidar los ecosistemas de nuestras especies nativas y, por lo tanto, nuestra calidad de vida. Ellos se ponen la capa para proteger nuestra biodiversidad. 

Ahora que ya se estableció un escenario de los principales actores que se encargan de proteger nuestra biodiversidad, resulta importante saber quien debería hacerse cargo en realidad, de acuerdo a la ley, que no ha estado exenta de avances, pero tampoco de fallas.

La protección del medio ambiente en Chile ha recorrido un largo camino desde 1925, cuando la Constitución mencionó por primera vez este tema. En ella, se reconocía la existencia del entorno natural sin establecer normas para su resguardo. Pero era un punto de partida mínimo para lo que vendría después. 

Fue en 1980 cuando se dio un paso fundamental y el artículo 19 N.° 8 de la Constitución consagró el derecho a vivir en un ambiente libre de contaminación. Sin embargo, como explica Fernando Cortés, abogado especialista en Derecho Ambiental y Regulatorio, existía una limitación importante, pues “tenía que darse una vulneración ilegal”

La afectación de un derecho constitucional puede ser tanto arbitraria como ilegal. La primera es aquella que resulta injusta o abusiva, aun cuando no exista una regla específica que se esté infringiendo. Esto ocurre, por ejemplo, con el derecho a la vida, donde basta con que la acción carezca de razonabilidad para poder reclamar.

En cambio, al ser ilegal, en materia ambiental solo era posible alegar una vulneración si existía una norma ambiental concreta que estuviera siendo incumplida. Cuando no había una disposición infringida, los tribunales no admitían la denuncia.

El rol del SEIA es crucial, especialmente en proyectos de gran envergadura. Cortés detalla que la diferencia entre un estudio y una declaración de impacto ambiental es que el estudio “necesita, dentro de su ingreso, medidas de mitigación, compensación y reparación a este impacto ambiental. Y por otro lado, proceso de participación ciudadana obligatorio”.

En 2008, la ley 20.283 puso el foco en el bosque nativo. Esta legislación buscó proteger las especies nativas mediante la sustentabilidad forestal.

Los humedales urbanos, claves para las regiones como el Biobío, obtuvieron protección específica en 2020. La ley 21.202 estableció criterios mínimos para su sustentabilidad, permitiendo que el Ministerio del Medio Ambiente o los municipios los declaren como tales. 

Cartel ubicado en la zona urbana del Humedal Price.

El mismo año se creó el Servicio de Biodiversidad y Áreas Protegidas (SBAP), destinado a conservar ecosistemas, especies y genes. Además, en la región se creó la BRIDEMA (Brigada de Delitos Ambientales de la PDI) para casos de flagrancia.

Aquí una línea de tiempo para visualizar el tema:

Este marco legal representa décadas de evolución. Sin embargo, las leyes por sí solas no bastan. Para el abogado, la fiscalización y la responsabilidad de quien daña siguen siendo la principal problemática reactiva.

“La gran problemática es la materia reactiva, que es, por ejemplo, cuando talan un bosque nativo. ¿Quién se hace cargo? Y ahí existe una diversidad de competencias.”
-Fernando Cortés, abogado medioambiental y cofundador ONG Defensa Ambiental.

El experto señala que las multas impuestas no siempre compensan el daño causado, y los procedimientos son lentos. El principal obstáculo es la dificultad para probar el daño ambiental en tribunales.

Quien daña tiene que hacerse cargo, pero la problemática es que nadie demanda por daño ambiental. Y el estándar probatorio es muy difícil.”
-Fernando Cortés, abogado medioambiental y cofundador ONG Defensa Ambiental.

Un problema estructural es la falta de recursos para los organismos fiscalizadores. Cortés apunta a que la falta de presupuesto afecta directamente la capacidad de respuesta, pues “el 0.001 o 0.002 por ciento del total del presupuesto de la nación equivale a materia ambiental para este ministerio, superintendencia y servicio a nivel nacional.” Esto genera una escasez de “fiscalizadores preparados” que puedan acreditar el daño, incluso en casos de flagrancia.

La implementación efectiva y el compromiso ciudadano son fundamentales para que esta estructura legal logre preservar el patrimonio natural. El abogado Cortés insiste en que la visibilidad y el trabajo multidisciplinario son esenciales: “No basta con la parte jurídica. Hay una parte técnica, hay una parte jurídica, hay una parte política, y hay una parte que tiene que ver con el tema periodístico: la visibilidad

Los capítulos de este reportaje revelaron que el corazón ecológico del Gran Concepción late en sus humedales y bosques. Allí se sostiene la vida de cientos de especies y árboles centenarios, amenazados por la urbanización y el cambio climático. 

Asimismo, también se pudo evidenciar que estos ecosistemas, esenciales para la regulación climática y la calidad de vida, continúan siendo los más amenazados. Lo anterior, por la falta de fiscalización, pocos o nulos planes de manejo y la presión constante de intereses privados que intentan avanzar sobre territorio vivo.

Y aunque la legislación chilena ha evolucionado, todavía no es suficiente para asegurar la protección de nuestra biodiversidad, o que quien dañe realmente repare. 

En ese vacío es donde emergen los verdaderos guardianes de la biodiversidad: organizaciones territoriales, ONG jurídicas, activistas, estudiantes, fundaciones, científicos, comunidades completas. 

Desde informes ciudadanos, limpieza de humedales y talleres educativos, hasta litigios, denuncias y campañas públicas, estos actores sostienen, muchas veces sin recursos, la primera línea de defensa de los ecosistemas del Biobío.

El desafío no termina aquí. Tanto el país como la región requieren instituciones más fuertes, comunidades más informadas y un Estado que acompañe la protección de su patrimonio natural. 

Al final de todo, cuidar el territorio no es solo una responsabilidad ambiental. Y mientras existan personas que se organicen para defender lo que aún nos sostiene, la biodiversidad del Biobío seguirá teniendo quien la proteja.

“Perder más arboles, más fauna, son perdidas irreparables. Si nosotros no usamos nuestra voz, no lo hará nadie.”
-María Garcés, activista.

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