LOS HUMEDALES URBANOS DEL BIOBÍO ENTRE LA LEY, LA CIUDAD Y EL OLVIDO

Un ecosistema clave para la resiliencia urbana enfrenta presiones sin precedentes en una región que aún no resuelve cómo convivir con el agua que la define.
Humedal San Andrés
Humedal San Andrés

En este artículo

La región que respira entre humedales

Humedal San Andrés

La Región del Biobío es una geografía marcada por el agua. Los ríos, lagunas, esteros y humedales se entrelazan entre ciudades que han crecido sobre aguas marismas y bosques pantanosos.

Los análisis del Ministerio del Medio Ambiente muestran que una gran parte del Gran Concepción y Región del Biobío se construyo sobre suelos húmedos que históricamente han funcionado como zonas de regulación hídrica.

Esto explica por que los humedales urbanos no son solo “espacios verdes”, sino componentes vitales de la estabilidad territorial ante lluvias intensas y crecidas del Biobío.

La ONU, a través de su programa de Medio Ambiente (UNEP), indica que la perdida acelerada de humedales en zonas urbanas es uno de los mayores riesgos ambientales del siglo XXI. Mas del 35% de estos ecosistemas han desaparecido desde 1970, reduciendo la capacidad que tienen las ciudades para enfrentar inundaciones y eventos extremos. En el Biobío, esta alerta global se refleja en el deterioro progresivo de humedales como el Paicaví y los Batros en donde la presión inmobiliaria supera a la capacidad institucional de resguardo.

El Reporte Humedales Biobío 2024 identifica mas de 80 humedales relevantes en la región, muchos de ellos dentro o adyacentes a zonas urbanas, uno de los más importantes es el Humedal Los Batros. La existencia de estos ecosistemas permite que se modere la temperatura del entorno, amortigüe precipitaciones y ofrecer hábitat a aves migratorias.

Sin embargo, el deterioro acelerado en las dos ultimas décadas tiene como origen la expansión urbana desregulada, que ha ido reduciendo corredores ecológicos que son esenciales para su funcionamiento.

El humedal Paicaví es el ejemplo mas representativo de esta tensión. Ubicado en pleno centro de Concepción convive con avenidas, viviendas sociales, campus universitarios y áreas residenciales que cada vez están en mayor expansión.

Investigadores del Museo de Historia Natural de Concepción han documentado en este humedal la presencia de especies como coipos, garzas y taguas, lo que evidencia que pese a la degradación este ecosistema conserva un valor biológico que es significativo, pero que su viabilidad depende de decisiones políticas que son inminentes.

Para el consejero regional Gonzalo Osorio, esta condición dual es una fotografía precisa de la región. “El Biobío es tierra de agua pero nosotros actuamos como si viviéramos sobre roca firme”.

Así su diagnostico no se limita solo a lo ecológico ya que plantea que la falta de integración de los humedales en el diseño urbano demuestra un rezago histórico en planificación metropolitana en donde los ecosistemas naturales han sido vistos como obstáculos y no como aliados.

En este escenario, los humedales se han transformado en indicadores silenciosos de un territorio que se inclina hacia dos futuros posibles, uno que incorpora el agua como parte estructural del diseño urbano y otro que continua fragmentando sus ecosistemas a favor del crecimiento acelerado. Ese dilema atraviesa todas las discusiones ambientales actuales en el Biobío.

PRESIÓN URBANA: CUANDO EL CEMENTO GANA TERRENO

Desde los años noventa, el Gran Concepción experimento una expansión urbana que no ha tenido precedentes y en donde comunas como San Pedro de la Paz, Talcahuano, Coronel y Concepción crecieron hacia áreas que han sido rellenadas y naturalmente inundable.

Humedal Paicaví

Según, estudios de la UBB, el crecimiento residencial avanzo precisamente hacia los bordes húmedos, en donde el terreno es mas barato y hay menos restricciones de uso del suelo. Lo que creo un choque directo entre intereses inmobiliarios y conservación ecológica.

Uno de los mayores problemas es la obsolescencia de los instrumentos urbanos, el Plan Regulador Metropolitano de Concepción (PRMC), cuyos mapas datan de inicios de los 2000, permite usos del suelo que no consideran de manera adecuada los riesgos actuales.

Como explica Carlos Valenzuela, miembro de la Red de Humedales Biobío, muchas inmobiliarias continúan amparándose en esas norma antiguas para solicitar permisos en zonas que hoy se reconocen oficialmente como inundables o ecológicamente sensibles.

Valenzuela ejemplifica con el caso del sector cercano al humedal Price, donde se han realizado drenajes y rellenos incluso cuando los mapas del Estado clasificaban el área como inundable. Para el, esta contradicción es consecuencia de una planificación que ha privilegiado el crecimiento por sobre la seguridad territorial. “El problema no es solo ambiental, es institucional, se siguen aprobando proyectos en lugares donde técnicamente no se debería construir”.

El Reporte Humedales Biobío 2024 identifica mas de 40 intervenciones irregulares que han sido denunciadas entre 2022 y 2024. La mayoría de estas acciones se iniciaron antes de que comenzaran las fiscalizaciones formales. Según organizaciones locales, en reiteradas ocasiones, las obras buscan “preparar el terreno” para neutralizar características ecológicas antes de ingresar el sistema de permisos.

Para Osorio, este escenario evidencia la fragilidad de la fiscalización municipal. “La expansión avanza mas rápido que el Estado”, además agrega que los municipios no cuentan con equipos técnicos que sean permanentes para monitorear los ecosistemas y que además sin PRMC actualizado y sin apoyo regional cada comuna enfrenta presiones inmobiliarias sin tener herramientas suficientes para poder defender sus humedales.

LAS VOCES DEL TERRITORIO

Las comunidades del Biobío han sido actores clave para evitar que los humedales desaparezcan en silencio. A falta de fiscalización constante, son los propios vecinos quienes detectan máquinas moviendo tierra, drenajes irregulares o intervenciones nocturnas en sectores protegidos. Muchas denuncias formales, según la Red Humedales Biobío, nacen simplemente de un vecino que “escucha algo extraño” y decide registrar lo que ocurre.

Estos procesos comunitarios no solo han permitido alertar sobre intervenciones, sino también visibilizar que la relación entre habitantes y humedales va más allá de lo ambiental. En sectores como Paicaví, Laguna Redonda o Las Tres Pascualas, los vecinos han construido un sentido de pertenencia que convierte a los humedales en espacios de identidad y memoria, no solo en cuerpos de agua a proteger.

Un ejemplo de este vínculo es el trabajo de Luisa Valenzuela, dirigente que lleva años articulando actividades en torno al humedal Vasco de Gama. Los Organiza limpiezas, recorridos educativos y talleres infantiles, buscando que la comunidad entienda que el humedal es parte del barrio. “Cuando un niño aprende a reconocer un ave o entiende por qué sube y baja el agua, ya no lo ves igual. Lo sientes parte de tu vida”, explica.

Graffiti de las especies que se encuentran en el Humedal Paicaví

Para Luisa, proteger el humedal es también proteger la vida cotidiana del sector. “Un humedal regula el calor, evita inundaciones y ofrece un espacio donde la comunidad se encuentra. Cuando lo destruyen, destruyen también la forma en que vivimos nuestro barrio”, afirma. Su liderazgo ha sido clave para que el humedal Vasco da Gama no desaparezca bajo rellenos o intervenciones informales.

“Cuando lo destruyen, destruyen también la forma en que vivimos nuestro barrio”

Luisa Valenzuela

Las organizaciones también han impulsado levantamientos comunitarios para suplir la falta de información oficial. Carlos Valenzuela señala que la Red Humedales Biobío elabora catastros donde registran especies, amenazas y cambios en el entorno. “Nos dimos cuenta de que, si no monitoreamos nosotros, nadie lo hace. Y sin evidencia, los humedales desaparecen sin que quede registro”, comenta.

Estos monitoreos han permitido detectar patrones que de otra forma pasarían desapercibidos. Por ejemplo, en Paicaví han registrado la reducción de ciertos sectores de totoral, el aumento de basura y la presencia de sedimentaciones asociadas a trabajos cercanos. Con estos datos exigen fiscalización y presionan a los municipios para actuar.

La defensa territorial también ha generado redes entre comunas. Los vecinos de Los Batros, en San Pedro de la Paz, han compartido experiencias con comunidades del Paicaví y del humedal Price, fortaleciendo estrategias comunes para detener intervenciones o solicitar declaratorias.

Respecto al daño que ha tenido uno de estos humedales, Rafael Virgilio, vecino del humedal Paicaví comenta:

Aun así, la participación ciudadana ha resultado determinante. Varias fiscalizaciones iniciadas por el Ministerio del Medio Ambiente o por municipios surgieron tras denuncias vecinales con evidencias fotográficas o videos. En algunos casos, estas denuncias han logrado detener obras antes de que causen daños irreversibles, demostrando el valor de la vigilancia territorial.

En los últimos años, las comunidades han impulsado actividades educativas para fortalecer el vínculo con los humedales. Recorridos guiados, talleres de avistamiento de aves y jornadas de limpieza han permitido que niñas, niños y jóvenes reconozcan el valor ecológico de estos espacios. Para las organizaciones, esta educación temprana es clave para garantizar su protección futura.

Los colegios del sector Paicaví, por ejemplo, han incluido actividades ambientales dentro de sus programas, integrando el humedal como un aula abierta. Esto ha permitido que estudiantes desarrollen un sentido de pertenencia y responsabilidad ambiental, convirtiéndose en una nueva generación que crece entendiendo que el agua es parte del paisaje natural de la región.

Colegio Inmaculada Concepción al costado de Humedal Paicaví

El crecimiento de estas iniciativas también ha derivado en alianzas con universidades. Investigadores del Museo de Historia Natural de Concepción y docentes de la UBB han apoyado a las comunidades en la elaboración de fichas de biodiversidad, medición de agua y actividades de difusión. Esta colaboración fortalece los procesos comunitarios con respaldo técnico y académico.

Para Carlos Valenzuela, este cruce entre saberes comunitarios y académicos ha sido clave para que los humedales comiencen a ser considerados dentro de la discusión regional. “Antes decían que los humedales eran sitios eriazos. Hoy la gente sabe que son reguladores naturales, y eso cambia la forma en que se toman decisiones”, afirma.

“Hoy la gente sabe que son reguladores naturales, y eso cambia la forma en que se toman decisiones”

Carlos Valenzuela

A pesar de los avances, los dirigentes coinciden en que aún queda un largo camino. La falta de actualización del PRMC, la debilidad fiscalizadora y las presiones inmobiliarias siguen generando escenarios de conflicto constante. Sin embargo, los humedales cuentan hoy con una comunidad más organizada y consciente, capaz de sostener procesos de defensa que antes eran aislados.

Las voces del territorio se han vuelto parte fundamental del debate. Sus testimonios, observaciones y registros han permitido que humedales como el Paicaví, Los Batros o Rocuant-Andalién sigan presentes. Son estas comunidades las que recuerdan que detrás de cada cuerpo de agua hay un ecosistema, una historia y un barrio que dependen de su existencia.

EN RELACIÓN CON ELLO,TRES AMENAZAS ACTUALES PARA LOS HUMEDALES DEL BIOBÍO:

  • Presión inmobiliaria
  • Falta de fiscalización
  • Planificación urbana desactualizada

Mirando hacia adelante, las comunidades, autoridades y expertos coinciden en que el futuro de los humedales del Biobío dependerá de la capacidad de integrar lo aprendido durante estos años de conflicto ambiental. La región enfrenta un escenario marcado por el cambio climático, donde las lluvias extremas y las inundaciones serán cada vez más frecuentes, y en ese contexto los humedales emergen como piezas clave para la resiliencia urbana.

La proyección es clara, si se fortalecen las declaratorias, se actualiza el PRMC y se consolida la participación ciudadana, los humedales podrán convertirse en infraestructuras naturales reconocidas y protegidas. Pero si continúa la expansión desregulada, estos ecosistemas seguirán reduciéndose hasta comprometer la seguridad territorial de todo el Gran Concepción. La decisión es colectiva, y el tiempo para tomarla se acorta, pero hoy existe una oportunidad real para que el agua vuelva a ocupar el lugar que siempre ha tenido en la historia del Biobío.

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