El reloj marcaba las seis de la tarde cuando el ruido comenzó a llenar el salón principal del Museo de Historia Natural de Concepción. Afuera, el aire fresco de octubre contrastaba con el calor que se acumulaba en el interior, donde decenas de familias esperaban para ingresar a la actividad “Travesía lunar desde el Biobío”. La jornada “Noche de Museos”, es una iniciativa gratuita impulsada por el Ministerio de las Culturas, las Artes y el Patrimonio, que busca acercar el arte y la cultura a la comunidad.
En la entrada, voluntarios entregaban pulseras con el logo del evento y guiaban la fila que llegaba hasta la sala principal. Ruth Elgueta, encargada del área educativa del museo, observaba con satisfacción la larga espera. “Estamos felices por la convocatoria. Hace tiempo no veíamos la sala así de llena”, comentó sonriendo antes de comenzar la bienvenida oficial. Adentro, todas las sillas estaban ocupadas y varias personas permanecían de pie, algunos con niños en brazos y otros sentados en el suelo, todos esperando pacientes al inicio del espectáculo.
Las luces del salón estaban completamente apagadas, dejando iluminado solo el escenario. Frente a una mesa donde descansaban una luna con luz LED y un pequeño globo terráqueo, apareció la protagonista: Estela Cósmica, una marioneta de cabello azul y bata blanca que se presentaba como “doctora en rayos y centellas”. A su lado, su inseparable compañero, el gato Agujero Negro, maullaba entre risas de los niños.
El astrónomo Ricardo Demarco, Ph.D. en Astrofísica y académico de la Universidad Andrés Bello, fue el encargado de dirigir el viaje por el espacio. Con voz entusiasta, saludó al público: “¿Listos para despegar hacia la Luna?”. Una decena de voces infantiles respondió al unísono: “¡Sííí!”. A un costado del escenario, el músico Sebastián Larrea acompañaba cada movimiento con acordes de jazz psicodélico, que daba expectación a la escena mientras el público observaba con atención.
Ciencia interactiva
Durante una hora, la ciencia y el teatro se mezclaron. Los niños respondían preguntas, reían con los chistes de Estela y miraban con atención las imágenes proyectadas en la pantalla: el despegue del Apolo 11, el polvo lunar y las fases de la luna. Cada vez que Demarco explicaba un dato curioso, como la distancia de la Tierra a la Luna o el orden del sistema solar, Larrea tocaba una melodía que ambientaba el relato del astrónomo.
“Queremos que los niños vean que la astronomía no es algo lejano ni aburrido”, explicó Demarco al terminar la función. “Este tipo de experiencias despiertan su curiosidad. Hoy hicieron muchas preguntas, se nota el interés.” El académico también es autor de la exposición permanente “Recuerdos extraordinarios de los primeros visitantes a la Luna”, instalada en el mismo museo, donde se exhiben modelos a escala del hecho ocurrido en 1969.
Cuando el espectáculo llegó a su fin, las luces se encendieron lentamente. Los niños y adultos aplaudían, algunos se acercaban al escenario para saludar a Estela Cósmica y tomarse fotos con ella. Afuera, los organizadores repartían pequeños libros educativos que mostraban las distancias entre los planetas y el Sol, un recuerdo que los asistentes recibían emocionados.
Entre el público, Leticia Flores, una de las asistentes, destacaba la iniciativa: “Es muy lindo que se hagan estas actividades en estos horarios. Muchos padres no podemos venir temprano por trabajo, y ahora pudimos compartir esto con nuestros hijos. Además, ellos aprenden jugando en estas instancias que son gratuitas”.
El público permaneció un rato dentro del museo, comentando la función y recorriendo las otras exposiciones. Algunos niños hojeaban el libro ilustrado que habían recibido, mientras otros corrían hacia donde se ofrecía una visita guiada a la muestra de Ricardo Demarco “Recuerdos extraordinarios de los primeros visitantes a la Luna”.
En la misma sala donde minutos antes había terminado la travesía lunar, el equipo del museo ya preparaba las siguientes presentaciones de la noche. Las familias continuaban circulando por los pasillos y en distintos espacios se escuchaban las otras actividades que formaban parte de la programación extendida. El Museo de Historia Natural de Concepción seguiría recibiendo visitantes hasta las 22 horas, en una jornada que transformó el lugar en un punto de encuentro entre la ciencia, la cultura y la curiosidad.











