“Viva la Ópera”: la lírica que hizo vibrar almas en el Teatro Biobío

El concierto, dirigido por el Instituto de Artes Musicales y la Camerata Vocal de Concepción, avivó profundas emociones entre los asistentes y cantantes que protagonizaron el espectáculo, también posicionándose como una instancia de democratización del arte.
Cantantes y coristas de “Viva la Ópera” despidiéndose del público al término del concierto.

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Eran las siete de la tarde con doce minutos y el bullicio del Teatro Biobío fue inmediatamente silenciado cuando se apagaron las tenues luces. La atmósfera se transformó en cuestión de segundos y pasos se escucharon sobre el gran escenario de la sala principal del lugar. El primer foco de luz permitió vislumbrar a la célebre pianista nacional Verónica Torres en el costado izquierdo, con una sonrisa que expresaba por sí misma la pasión y la emocionalidad que le evoca el concierto. La gala “Viva la Ópera” comenzaba.  

El segundo piso del teatro comenzó a llenarse media hora antes del inicio del evento. Al ser entrada liberada, convocó a más de 150 personas de distintas edades, quienes además arribaron con un código de vestimenta implícito para la ocasión: trajes formales, vestidos, camisas y perfume. Los penquistas estaban emocionados y expectantes. 

Dirigida artísticamente por la cantante soprano Maureen Marambio, la velada contó con la virtuosa fusión entre los coristas de la Camerata Vocal de Concepción; dirigida por Ignacio Martínez, y los cantantes líricos del Instituto de Artes Musicales. Fueron más de 30 intérpretes que deslumbraron con su talento al ritmo de clásicos como Offenbach, Donizetti y Strauss, logrando despertar la esencia de la ópera decimonónica. No obstante, la generación del concierto no ocurrió en poco tiempo: fueron intensos meses de preparación. 

Detrás del telón  

El montaje que centenares de personas pudieron disfrutar en el Día Mundial de la Ópera conllevó detallada planificación y elección del repertorio que se iba a exponer ante el público. Cada mes, los 15 artistas miembros de IDAM llevaron a cabo muestras para foguearse a cantar frente a una multitud. Sopranos, mezzosopranos y timbres masculinos se unieron para producir un espectáculo que logró encender un fuego tanto en el escenario como frente a él. 

La directora artística de la gala e intérprete de renombre internacional, Maureen Marambio, explicó que la travesía partió el pasado mes de marzo. El primer paso fue escoger la lista de compositores y líricas que utilizarían. Es así como llegaron a construir una parrilla que fluyó con ritmos desde Lucia di Lammermoor hasta la elegancia vienesa de Die Fledermaus, que rindió homenaje a la vitalidad de la ópera. 

El evento no solo contó con una manifestación de canto, también se preparó toda una dramaturgia y concierto que sintetizó distintas ramas del arte. Además, en el fondo del escenario, pero no por eso sin deslumbrar con su presencia, se ubicó a los 18 estudiantes de Camerata Vocal como coristas, quienes en determinadas canciones alzaban sus voces al unísono, inundando el teatro con el eco de cada pieza.  

La cantante soprano, Javiera Orellana, durante su presentación solista.

Puesta en escena: la visión del artista 

El concierto se desarrollaba y el público estaba embelesado ante el espectáculo artístico, generando constantemente una marea de aplausos y los elogios fluían como un río. Distintas artistas femeninas se presentaron primero, hasta que llegó una de las primeras muestras masculinas: era el turno de Pablo Carrasco. El ambiente cambió en un instante al resonar su voz grave e impetuosa. Sin embargo, el cantante reveló que estuvo nervioso y se le hizo “un nudo chiquitito en el estómago”. Pese a aquello, al estar en el escenario visualizando a cientos de personas de todas las edades, sintió una gran emoción y felicidad.  

“El arte se convierte en arte como tal cuando alguien lo presenta y lo define como arte”, fue una de las primeras reflexiones de Carrasco, cantante tenor solista y miembro de IDAM Concepción. El artista expresó que la Gala de Ópera es el primer concierto en el que se siente tan cómodo cantando con un equipo de más de 30 integrantes, y también satisfecho con el recibimiento de cada persona. Al terminar, describió la sensación como “un balde de agua fría” que le permitió calmar su ansiedad y observar los frutos de arduos meses de preparación.  

Cuando el público se vuelve parte 

Desde el primer segundo en que las luces menguaron su intensidad, la atmósfera de la sala principal del Teatro Biobío se convirtió en total expectación ante el espectáculo que estaba por desplegarse ante sus vistas. Durante todo el concierto, los visitantes grabaron, tomaron fotografías y más de una persona tuvo que usar pañuelos para secar las lágrimas de emoción que produjo el evento.  

En palabras de Antonia Marín, una de las presentes en el amplio auditorio, la instancia se consolidó como un acercamiento de la ópera al público penquista. Además, manifestó que, aunque gran parte de las canciones estaban en italiano o francés, la música se transformó en algo que trascendió las barreras lingüísticas. La emoción, expresiones y movimientos de cada intérprete fueron el traductor innato de ese lenguaje. 

Una instancia que democratiza el arte 

La gala “Viva la Ópera” es la primera iniciativa del Instituto de Artes Musicales que se lleva a cabo en un espacio tan grande como la sala principal del Teatro Biobío, convirtiéndose en un hito para todos los cantantes emergentes que buscan posicionar este arte. Para Pablo Carrasco, la ópera sigue siendo considerada por muchos como un espectáculo de “élite”, a veces de poco acceso debido al costo de las entradas. No obstante, paulatinamente se han abierto las puertas y los espacios para desplegar esta experiencia estética.  

“Ya vendrán los tiempos en que tengamos conciertos como estos todas las semanas”, exteriorizó Maureen Marambio con un semblante de tranquilidad y orgullo por el evento que acababan de montar en las dependencias del teatro. Al final de la jornada y frente a un auditorio vacío, con una temperatura fresca, pero calidez inmensa en el corazón, Marambio reflexionó sobre el éxito del concierto y cómo cada uno de sus estudiantes fue capaz de sobrellevar cada piedra en el camino. Esto, para ella, recuerda una vez más que la ópera es la “reina de todas las artes”. 

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